Mensaje Biblico

Lo que prometes a Dios

Escrito por mensajesbiblicos 14-09-2010 en General. Comentarios (0)

Cuando era joven, cada treinta y uno de diciembre hacia una lista de propósitos para año nuevo. Tenía la minuciosidad de dividir dicha lista en categorías: área académica, financiera, sentimental y espiritual. Cuando finalizaba el año, me sentaba a revisar si había logrado cumplir los propósitos que había escrito, y volver a replantear los del próximo año. El resumen de mis logros a fin de año, podía resumirse de la siguiente forma: académicamente cumplidor, financieramente ahorrativo, sentimentalmente ignorado y espiritualmente nefasto

Ahora bien, las dos últimas secciones de mi lista eran un desastre. A mis quince años nunca fui un don Juan, eso lo reconozco; pero esto no me incomodaba tanto como el saber que espiritualmente no había mejorado, sino incluso empeorado. Normalmente los propósitos espirituales no duraban ni un día. Ya para el primero de enero, había violado unos cuantos con motivo de la fiesta de año nuevo.

 

Creo que a todos nos ha pasado esto mismo de una u otra manera. En algún momento te has hecho el propósito de buscar más de Dios, y un tiempo después ya se te ha olvidado. Y me pregunto, ¿cómo podemos corromper tan rápido los propósitos que hacemos para con Dios?

Lo peor de esta situación, es que aceptamos el hecho que posiblemente Dios este bien con esto. Puedes un día prometer y no cumplir, y todo bien, Dios no se enojará, por qué Él es amor. ¿Estas seguro de esto?

 

“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.”

   Eclesiastés 5:4-5

 

Cuando cumplí mis dieciocho años, tuve mi primera novia. Se imaginará la alegría que resultó por fin, cumplir un propósito de la lista; en el área sentimental. El caso es que mejor me hubiera sido continuar en soltería, pues fui peor novio que cristiano, y eso ya es decir. 

En ocasiones prometía llamar, a mi entonces novia, y me olvidaba de hacerlo. Unos días la visitaba, y otros salía con mis amigos. Algunas veces era amoroso y otros apático e indiferente. Le resultará fácil deducir que la relación no prosperó, y con justa razón. Una vez que me regresaron a la soltería, me di cuenta lo mal novio que llegué a ser.

Esta simple escena de mi vida me hace preguntarle lo siguiente: ¿Usted toleraría que alguna persona que dice amarle, incumpla tanto lo que esas palabras significan? Si su respuesta es No, entonces déjeme hacerla la segunda pregunta: ¿Por qué entonces debería tolerarlo Dios?

La Biblia es clara en este sentido: A Dios no le agradan las personas que prometen y no cumplen.

 

Pienso que un gran error que han cometido algunos predicadores, es tratar de acercar a la gente tanto a Dios, que lo han bajado al nivel de un simple compañero. Muchos lo han quitado de su trono, para nivelarlo a nuestra conveniencia. Y a muchos se les ha olvidado que Él sigue siendo santo, que sigue siendo todopoderoso y por encima de todo, que sigue siendo Dios. Así que, olvidada esa perspectiva es fácil ser irreverente y dejar de lado todo lo que le hemos prometido alguna vez. La falta de temor y reverencia que algunos tienen hacia Dios, es ofensiva y hasta peligrosa. No cometamos el error de pensar que, aunque Dios se muestra amigo, no exige fidelidad, compromiso y cumplimiento.

 

¿Qué es lo que le has prometido a Dios y que no le estas cumpliendo? Será fidelidad, o tal vez prometiste buscarlo más. Quizás prometiste leer más la Biblia o hablar más con Él. A lo mejor prometiste que este año le servirías, o que finalmente le rendirías tu vida a Él. Lo cierto es que el año ya casi termina y solo tú y Él saben el estado de tales promesas.

Mi recomendación mi amigo lector, es que aproveches mejor el tiempo y cumplas lo que prometiste.

Cuando cumples a Dios, siempre habrá bendición. El siempre ha sido fiel, y espera de ti lo mismo.

La verdadera conversión

Escrito por mensajesbiblicos 14-09-2010 en General. Comentarios (0)

“Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Lucas 19:1-10

El nombre Zaqueo para mí representa tres aspectos: una necesidad espiritual, una segunda oportunidad y una genuina conversión.

 

Zaqueo era un hombre rico, así lo describe el texto. Este hombre era jefe de todos los recaudadores de impuestos de Jericó (Publicanos). En otras palabras, era extorsionador de los extorsionadores. El recaudador de impuestos era  un judío que trabajaba para Roma, así que era un repudiado de la comunidad. Considerado como pecador por usura, y asfixiar a sus propios conciudadanos hasta dejarlos en la miseria. Así pues, Zaqueo era jefe de esta horda de malhechores de cuello blanco. Lo curioso del texto es que, aunque Zaqueo era un hombre sobremanera rico, tenía un faltante en su corazón. Una deuda pendiente consigo mismo, que al parecer lo estaba inquietando. Esta deuda era una legítima necesidad de Dios.

 

Cuando leo el texto con detenimiento, veo que Zaqueo tenía la suficiente necesidad espiritual, para hacer lo que fuera necesario con tal de ver a Jesús. Subir un árbol, recorrer una muralla o escalar el monte Everest. Pienso que la situación de Zaqueo, lo hubiera obligado a hacer lo que fuera; para ver al Señor. Y esto es algo que entiendo completamente. Admiro también el hecho que Zaqueo reconociera su necesidad, pues hay gente que tiene una enorme necesidad de Dios, pero no lo reconocen. Tal vez están demasiado cómodos con su situación, así que no se molestarían en subir ni el volumen del televisor, mucho menos subir un árbol. Por eso me agrada Zaqueo, porque sabe que algo en él esta mal y está dispuesto a hacer algo para cambiarlo. Y ese algo es una acción que lo acerque a Jesús.

 

El otro aspecto radica en el hecho, que Zaqueo ya hizo lo máximo que podía hacer, para acercarse a Jesús. El resto ya no depende de él. Dice la Escritura que Jesús le indica a Zaqueo, que “le es necesario posar en su casa”. Casi podría asegurar, que la necesidad de posar en caso de Zaqueo, no era de Jesús, sino del mismo Zaqueo. He aquí la forma de Jesús de decir: “Hoy tendrás la oportunidad que no has tenido en toda tu vida. Hoy, El Salvador entrará a tu casa”. Una segunda oportunidad para un pecador. ¿Acaso no es esto lo mismo que necesitamos todos? Cuando el ser humano esta agotado de ser llamado pecador, y hace todo lo que esta a su alcance para conocer al Salvador. Y ese esfuerzo se resume a solo verlo pasar de largo. De repente como un milagro, no es el pecador quien esta viendo a Jesús, sino que es Jesús el que estaba mirando al pecador. Y no bastándole con eso, decide posar en su casa ¡Vaya que eso es una oportunidad!

 

El último aspecto enmarca la repercusión lógica, de un corazón que finalmente ha conseguido la paz y el perdón que buscaba: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” Esto es una legitima conversión. La conversación de Zaqueo con Jesús, debió ser algo realmente transformador, pues según la ley judía, el ofensor tenía que devolver lo que había defraudado, más un veinte por ciento nada más. Sin embargo Zaqueo piensa cuadruplicar el monto de la ofensa.

 

El querer ver a Jesús es bueno y entendible, mucho mejor es hablar con Él dentro de tu casa. Pero hacer lo que su ley demanda, con todo el sacrificio que esto conlleve; eso si es conversión. Eso es lo que provoca un verdadero cambio espiritual y una nueva vida. La respuesta del Maestro ante la declaración de Zaqueo fue: “Hoy ha venido la salvación a esta casa”. La conversión no es una simple declaración de “Yo creo en Jesús”. Es empezar a vivir por Él. Es renunciar a lo que nos gusta, pero sabemos que está mal. La conversión es la acción de tomar decisiones, que rehusamos o postergamos hacer.

 

Hay personas, que realmente necesitan de Jesús. Lo profesan y desean abrazar su fe. Pero tienen un pendiente es sus vidas que no están dispuestos a dejar ir, aunque eso conlleve su ruina y su perdición. Tal vez es una relación afectuosa insana, o quizás esas amistadas que solo te inducen al mal. Ese negocio que sabes no es del todo lícito. A la verdad cada cual sabe, que es aquello a lo que debe renunciar para seguir a Jesús. El maestro expresa esta idea de la siguiente  forma:

 

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”

Lucas 9:23

 

Si alguno esta dispuesto a hacer esto, las palabras de Jesús son hermosas y reconfortantes: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

 

 

Los Talentos

Escrito por mensajesbiblicos 14-09-2010 en General. Comentarios (3)

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.  Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.

Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Mateo 25:14-30

Hace unos días hablaba con una persona con quien he mantenido amistad desde el colegio, conversábamos sobre aquellas cosas que siempre nos han atemorizado. En la conversación llegamos a la conclusión, que sería una amarga experiencia fracasar en la vida. En cuanto a esto, ambos teníamos opiniones diferentes sobre lo que es fracasar. Por un lado mi amigo piensa, que fracasar es no obtener todas las cosas que nos proponemos en la vida, dentro de las cuales figuran en su mayoría aspectos económicos, profesionales y familiares. Yo por mi parte pienso que el fracasar en la vida implica algo más. Para mí esto implica el no ser fiel con la tarea que Dios nos encomienda en esta vida. Por ende este fracaso resulta en una falta de fidelidad para con Dios y para con uno mismo.

 

La parábola de los talentos ha sido una de las enseñanzas que más ha marcado mi vida, por una simple razón: Si existe alguna cosa en el mundo que me provoca temor, es la idea llegar delante de Dios con las manos vacías. Piénselo por un instante, es aterradora la idea de lo que esta parábola representa, y lo que representa es el fracaso de toda una vida. Este fracaso no viene por equivocarse al hacer las cosas, sino mas bien por la la negligencia de no hacer nada del todo.

 

En la parábola vemos como el Señor de los siervos les confía sus bienes, representados en talentos. A uno dio cinco a otro dos y a otro uno. El talento era una unidad de peso que cuantificaba una enorme suma de dinero. Normalmente era un peso en oro y representaba el pago de seis mil días de salario, de un obrero común de la época (seis mil denarios). Esto representaba casi veinte años de trabajo. Así que si algo podemos concluir de esto, es que a cada siervo se le confió una enorme responsabilidad.

 

Ahora bien, dice la escritura que no todos los siervos recibieron la misma cantidad de dinero, sino que cada uno recibió conforme a su capacidad. Esto implica que a todos se les iba a exigir resultados, pero no serian medidos por igual, pues unos según sus capacidades, eran depositarios de mayor cuantía.  

Quisiera que por un momento centraras tu atención sobre el último siervo y su actitud. Este siervo escondió el dinero de su Señor en un agujero en la tierra. Y no lo escondió unos cuantos días, pues la escritura dice que el Señor volvió “mucho tiempo después”. Lo primero que se me ocurre cuando leo este pasaje es: ¿A que clase de persona, se le ocurre esconder en un agujero bajo tierra, una suma tan grande de dinero?

Evidentemente este siervo era o muy torpe o muy desinteresado. Cualquiera de estas características, representa un currículo peligroso en cualquier empresa que se emprenda. Sin embargo el siervo pareció estar muy cómodo con su decisión, aun a sabiendas del juicio que algún día debería enfrentar. Y el juicio llegó. Uno de los juicios más fuertes que cita la Biblia. “Siervo malo y negligente” esas fueron las palabras del Señor.  La dureza del juicio pronunciado, está orientada al disgusto que generó en el Señor, el desprecio y la indiferencia de su siervo para con los bienes que se le habían confiado. Como si fueran poca cosa o de poca utilidad.

 

Dado la cantidad monetaria que representan los talentos, el interés del Señor en que los mismos fueran invertidos en negocios de provecho y el juicio pronunciado sobre los siervos; muchos teólogos se han orientado a interpretar el talento, como una cualidad especial depositada por Dios en los hombres, para que sirvamos en su reino. Pienso que esta interpretación es correcta, y perfectamente aplicable a la vida de cualquier persona que leyera el texto, en tiempos posteriores a su escritura.  Es pensando en esto, que quiero hacerte la siguiente pregunta: ¿Qué te ha confiado Dios y qué estas haciendo con esos talentos?

 

Tal vez te preguntes cuáles son esos “talentos” que Dios te ha confiado. En la actualidad yo lo llamaría vocación. Hay personas que disfrutan tanto lo que hacen, y nunca se han preguntado ¿Por qué? Dice la Biblia en el libro de Santiago: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” Todas esas cosas buenas que disfrutas hacer con un fin noble, son esos talentos

Pienso que todo aquello que nos hace tan diferentes, representa esos talentos que Dios nos confía. El médico de vocación, el maestro apasionado, el contador honesto, la ama de casa abnegada. Y no se detiene ahí, también puedo ver a esas personas que tienen diferentes cualidades. Elocuencia, carisma, liderazgo, gracia; la verdad hay tantas cosas buenas que Dios nos ha confiado y todas ellas para que le sirvamos.

Sin embargo hemos tomado esas cualidades y las hemos enterrado en un agujero, o peor aun; las hemos utilizado para provecho nuestro únicamente. Se nos ha olvidado que estas cualidades son encargadas, no regaladas. No hemos invertido como se debe con ellas. ¿Qué piensas que pasará cuando el Señor de los talentos regrese?

 

Sigo pensando que sería un gran fracaso, haber vivido toda una vida obviando estos talentos, escondiéndolos en tierra, y cuando llegue el Señor, me encuentre con las manos vacías. ¿Qué piensas tu al respecto?

 

 

 

 

 

 

 

Me pregunto si lo conoces

Escrito por mensajesbiblicos 14-09-2010 en General. Comentarios (0)

Hoy quiero hacerte una pregunta, y me gustaría que la respondieras con honestidad. ¿Qué representa Jesús para ti?

Hago la pregunta porque el nombre de Jesús es muy conocido en este lado del hemisferio, pero realmente pocos tienen una experiencia vivencial con Él.

 

Muchos han convertido el nombre de Jesús en una mera ritualidad. Un símbolo de una cruz colgado en el pecho o en las paredes de nuestras casas. La fe que hay en Jesús en estos días, es simplemente conocimiento histórico. De la misma forma que saben que existió Gandhi o Cristóbal Colon, la cuestión es que para muchos, Jesús es solo un dato. En el mejor de los casos Jesús es un objeto de afecto, como lo es la camisa que nos regaló la abuela, o la fotografía de graduación.

Es por eso que quisiera que meditaras en la pregunta que antes te hice. Jesús sigue siendo tan justo, santo y bueno como siempre lo ha sido. El sigue siendo Rey. Me pregunto si lo conoces.

Quisiera poder expresarte con mis palabras lo que Él es, pero la torpeza de mi redacción me limita para describir toda su grandeza. Prefiero transcribir las palabras del Dr. Lockridge sobre lo que Jesús es.

 

“Mi Rey nació Rey. La Biblia dice que Él es Rey en siete formas. Él es Rey de los Judíos. Él es Rey de Israel. Él es Rey de justicia. Él es Rey de los siglos. Él es Rey de los cielos. Él es Rey de gloria. Él es Rey de reyes y el Señor de señores. ¡Él es mi Rey! Me pregunto si lo conoces.

 

David dijo que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Mi Rey es el único del cual ninguna forma de medida puede definir su amor infinito. Ningún telescopio, por potente que sea, puede mostrar los límites de su provisión. No hay barrera que pueda detenerlo. Mi rey es un rey Soberano. Él es por siempre fuerte. Él es completamente sincero. Él es eternamente constante y firme. Él es inmortalmente lleno de gracia. Él es majestuosamente poderoso. Él es imparcialmente misericordioso.

 

Él es el fenómeno más grande que ha atravesado el horizonte de este mundo. Él es el Hijo del Dios viviente. Él es el salvador de los pecadores. Él es el punto central de la civilización. Él es inigualable. Él es imprescindible. Él es firme en sí mismo. Él es honesto. Él es único. No tiene paralelo. No tiene precedente. Él es supremo. Él es preeminente. Es el tema más elevado de la literatura. Él es la más alta personalidad en filosofía. Él es el más grande problema para los críticos. Él es la doctrina fundamental de la verdadera teología. Él es la necesidad carnal de una religión espiritual. Él es el único calificado para ser suficiente salvador. Él es el milagro de los tiempos. Él es el superlativo de toda cosa buena que seas capaz de llamarlo. ¡Éste es mi Rey! Me pregunto ¿Lo conoces?

 

Él es el único capaz de suplir todas nuestras necesidades simultáneamente. Él da fortaleza a los débiles. Él siempre está disponible para el que es tentado y para el que está cansado. Él tiene misericordia y salva. Él es el Dios que fortalece y sostiene. Él guarda y guía. Él sana a los enfermos. Él limpia a los leprosos. Él perdona a los pecadores. Él quita la carga a los deudores. Él libera a los cautivos. Él defiende a los débiles. Él bendice a los jóvenes. Él sirve a los menos afortunados. Él cuida a los ancianos. Él recompensa a los diligentes y embellece a los mansos de corazón. ¿Lo conoces?

 

Mi Rey es la llave del conocimiento. Él es fuente de sabiduría. Él es la puerta de la liberación. Él es el camino de paz. Él es la senda de justicia. Él es la autopista hacia la santidad. Él es la puerta de gloria. Él es el Señor de los poderosos. Él es el capitán de los conquistadores. ¿Lo conoces?

 

Él es la cabeza de los héroes. Él es el líder de los legisladores. Él es el supervisor de los vencedores. Él es el gobernador de los gobernadores. Él es el príncipe de príncipes. Él es el Rey de reyes y Señor de señores ¡Él es mi Rey!

Su vida es inigualable. Sus promesas son seguras. Su luz es sin igual. Su bondad es ilimitada. Su misericordia es para siempre. Su amor nunca cambia. Su Palabra y su gracia son  suficientes. Su reino es justo y verdadero. Su yugo es fácil y ligera su carga.

 

Quisiera poder describírtelo pero Él es indescriptible. Él es incomprensible. Él es invencible. Él es irresistible. Vengo a decirles, que los cielos no lo pueden contener, mucho menos un hombre tratar de describirlo. No puedes sacarlo de tu mente. No te puedes deshacer de Él. No puedes vivir más allá de Él y no puedes vivir sin Él. Los fariseos no lo soportaban Y se dieron cuenta que no lo podían detener. Pilatos no pudo encontrar falta en Él. Herodes no pudo matarlo. La muerte y la tumba no pudieron detenerlo. ¡Este es mi Rey!”

 

Dr. S.M. Lockridge

 Doctor en Teología y Pastor Bautista 

1913 – 2000

 

Quisiera, sin ánimo de ser repetitivo, volver a hacerte la pregunta inicial: ¿Qué representa Jesús para ti? ¿Conoces a este Rey?

 

 

El pago por la libertad

Escrito por mensajesbiblicos 14-09-2010 en General. Comentarios (1)

James Bain, fue condenado en 1974 a cadena perpetua, por los cargos de robo, secuestro y violación. Durante el juicio alegó inocencia de todos los cargos. Sin embargo fue condenado a toda una vida en prisión. Sentencia semejante ha de haber sido un trago difícil de pasar. En diciembre del 2009, Bain de 54 años de edad, fue puesto en libertad tras 35 años de injusto encarcelamiento. Una prueba de ADN demostró que James Bain era inocente de los cargos que se le imputaron.  Treinta y cinco años en la cárcel por algo que no hizo. ¡Vaya que es injusto! No creo que haya algo más injusto que ser encarcelado por lo que otro hizo. ¿O sí?

 

“Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!

Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.”

Marcos 15:6-15

 

Hace unos días, cuando leía este pasaje, me preguntaba: ¿Qué habrá  sido de la vida de Barrabás? Un hombre bandido, revoltoso, acusado por sedición y homicidio. Sin duda Barrabás no sería  la clase de sujeto, que te gustaría como pretendiente de alguna de tus hijas.

 

Sin embargo y a pesar de cualquier argumento que podamos decir en contra de Barrabás, hay un hecho que debemos dar por ciertísimo según el texto bíblico, y es el hecho que él era culpable de todo lo que se le acusaba. En contraposición de Jesús, que no fue hallada en Él culpa de ningún delito.

Creo que esto es lo que más me molesta de la historia, el hecho que Jesús fuera condenado siendo inocente y Barrabas siendo culpable recibiera una nueva oportunidad.  Como podría vivir tranquilo Barrabás, sabiendo que él debía pagar por un delito que claramente cometió, y que Jesús fuera el que tuviera que pagar por ello.

 

Es por esto que me pregunto sobre Barrabás: ¿Habrá aprovechado su oportunidad? ¿Habrá corregido su vida de delincuencia? ¿Habrá vivido una vida digna de tan grande regalo?

 

Fue en ese momento que entendí. Yo nunca fui menos culpable que Barrabás. Al igual que él, yo merecía la muerte por todas mis rebeliones. El lugar de Barrabás era mi lugar. La justa sentencia por mis pecados era la muerte. Y en lugar de ser sentenciado, al igual que Barrabás recibí una segunda oportunidad. Jesús tomó mi lugar. Él pagó el castigo por lo que nosotros hicimos. Tal y como el profeta Isaías dijo más setecientos años antes, acerca de Él:

 

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Isaías 53:5

El sacrificio de Jesús no fue una injusta sentencia, ni un error en un sistema judicial. La muerte de Jesús no fue un accidente. Él escogió estar ahí. Jesús escogió la cruz, para que ninguno de nosotros la padeciese.

Pienso que debo replantear las preguntas que antes hice: ¿Estas aprovechando esta nueva oportunidad? ¿Has corregido tu vida de equivocaciones? ¿Estas viviendo una vida digna de tan grande regalo? Por favor, has que el sacrificio no haya sido en vano.